La población tibetana utiliza con frecuencia el ajo con fines medicinales, elaborando un remedio tradicional centrado en este vegetal versátil. Esta preparación consiste en moler 311 gramos de raíces de ajo hasta convertirlas en polvo y luego cocinarlas hasta que el agua se evapore. Posteriormente se incorpora mantequilla de yak (unos 600 gramos), junto con los cereales, y se deja fermentar durante tres semanas en un tarro. Después de la refrigeración, la solución se consume veinte minutos antes de las comidas para obtener la máxima eficacia.
Rico en antioxidantes y propiedades antiinflamatorias, este remedio ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares cuando se consume correctamente. Refuerza el sistema inmunológico, previniendo infecciones con sus acciones antibacterianas y antivirales. Además, mejora el tránsito gastrointestinal y la digestión, alivia el estrés y fomenta el estado de ánimo positivo.